En Solbayres todos lo conocen como el Polaco a Marcos Becerra, un trabajador de esos que hicieron de la recolección no sólo un oficio, sino un modo de vida. Hoy, a las puertas de la jubilación, mira hacia atrás y se emociona. “Feliz, siempre agradecido”, dice, con esa franqueza que tienen los laburantes de verdad. Y enseguida deja claro algo que repite con orgullo: “Es el único laburo que me ha defendido”.
Antes de llegar a la recolección, el Polaco pasó por Aguas y Gaseosas, por varios trabajos de otras actividades . La historia cambió cuando ingresó a Camioneros. Ahí sintió por primera vez que había un sindicato, una conducción y una familia que lo respaldaban. “Acá te cuidan, te tratan bien. Hugo, Pablo… son gente que luchó para que tengamos derechos y reconocimiento”.
Recuerda sus primeros años, cuando la situación era complicada y la empresa ponía obstáculos. “Había gente que nos complicaba, pero llegó Ariel y puso las cosas en su lugar. El respeto no se negocia”. Ese cambio le marcó el camino. Porque para él Camioneros no es sólo un sindicato: es un grupo humano que aparece donde otros no llegan. “Me faltaban remedios… y ahí estaba Ariel: ‘quedate tranquilo, Pola, yo te los consigo’. Acá hablamos de personas, no de choferes”.
La emoción lo atravesó cuando vio en un acto a pibes jóvenes, de 20 o 22 años, recibir su efectividad. “Me sentí reflejado. Buena gente, laburadora… como éramos nosotros”, cuenta. Por eso no duda en aconsejar: “No se dejen meter cosas en la cabeza. Hay gente de afuera que habla sin conocer a Hugo, a Pablo o al Feo”.
Con más de veinte años de trabajo, cientos de movilizaciones y una vida entera acompañando a Néstor, a Cristina y a cada lucha del movimiento obrero, el Polaco lo resume en una frase que sintetiza su historia y su lealtad:
“Los años me enseñaron que hay odio y amor. Y lo que hizo Moyano trajo mucho amor… y a algunos, odio, porque no pudieron ser parecidos”.
Cuando le preguntan si conoce un sindicato parecido, no duda ni un segundo:
“No. No existe. Nosotros siempre estuvimos del lado de la vereda de los trabajadores. Si algún día alguien se pasa a la otra vereda, ahí sí… cambia todo”.
El Polaco está por jubilarse, pero su reconocimiento, su gratitud y su convicción seguirán trabajando mucho después de que deje el camión. Porque algunas historias —como la suya— no se retiran nunca.
