En una jornada marcada por el calor y el cansancio, trabajadores de Urbaser Morón decidieron transformar el final del día en un gesto solidario. Tras cumplir con su jornada laboral, llevaron juguetes y alegría al Hospital Posadas, demostrando que el compromiso social también se construye desde los pequeños grandes gestos.
El calor fue intenso y la jornada laboral había sido larga. Sin embargo, para los trabajadores, el día no terminaba al guardar las herramientas. Había una cita pendiente, una decisión tomada colectivamente: llevar juguetes y un momento de alegría a los niños y niñas internados en el Hospital Posadas.
Así, todavía con el cansancio a cuestas, los compañeros y compañeras se organizaron para acercarse al hospital con bolsas cargadas de regalos, pero sobre todo con tiempo, presencia y ganas de acompañar. La escena se volvió aún más especial cuando uno de ellos se vistió de Papá Noel, despertando sonrisas, risas y miradas de sorpresa en los pasillos del hospital. Por un rato, la preocupación dio lugar a la ilusión y la espera se transformó en emoción.
La iniciativa no fue improvisada ni casual. Nació de la convicción de que la solidaridad no entiende de horarios ni de temperaturas, y de que el trabajo no se agota en lo laboral. Allí donde hay una necesidad, aparece también la voluntad de dar una mano, aun después de un día agotador.

El gesto fue sencillo, pero profundamente significativo. Cada juguete entregado llevó consigo un mensaje de cercanía y humanidad. Para quienes recibieron los regalos, fue un momento distinto en medio de la internación; para quienes los entregaron, una reafirmación de valores que forman parte de la identidad del movimiento obrero.
Como expresó el delegado presente durante la jornada, “estas cosas salen del corazón del compañero. Terminamos de trabajar cansados y con mucho calor, pero sabíamos que venir acá valía la pena. Ver la sonrisa de los chicos te cambia el día”, señaló Sebastián Carrizo.
La entrega de juguetes en el Hospital Posadas dejó en claro que la solidaridad no necesita grandes discursos. Se construye con acciones concretas, con esfuerzo colectivo y con la decisión de estar presentes incluso cuando el cuerpo pide descanso.
Porque cuando el trabajo se combina con compromiso social, el resultado es mucho más que una jornada solidaria: es un acto de humanidad que dignifica y deja huella.
