Milagros Arévalos habla con esa mezcla de humildad y convicción que nace del trabajo en territorio. Agradece, reconoce y celebra la oportunidad que le da el sindicato para acompañar a quienes más lo necesitan. “Contenta con la oportunidad que nos dan los compañeros, con el dirigente de la delegación de Monte Grande, Fabián Arévalo, y principalmente con Jerónimo, que siempre está con las chicas y los chicos de la juventud”, señala con orgullo. Porque para ella cada jornada solidaria no es un trámite: es una forma de vida.
La ayuda que lleva adelante la delegación de Monte Grande tiene un valor profundo. Es estar en los barrios, en las ollas populares, en las calles donde la necesidad no se esconde. “Es una tarea hermosa, estar con el otro y saber lo que realmente pasa en la calle”, cuenta Milagros con sinceridad. La solidaridad, explica, se aprende caminando, escuchando y compartiendo.
Cuando le preguntan cómo se prepara la juventud para enfrentar un modelo que pretende quitar derechos, Milagros no duda:
“La juventud siempre va a estar. Nos estamos preparando bien. Somos el futuro, sí, pero también somos el presente. Hoy estamos, y gracias a Jerónimo, a Hugo y a Pablo, estamos presentes. Camioneros siempre fue solidario”.
La delegación de Monte Grande refleja ese espíritu. Compañeras que son madres y aún así destinan horas de su día; compañeros que después de trabajar se suman a repartir alimentos, a organizar, a acompañar. “Es lindo que se tomen la responsabilidad y el tiempo para estar con nosotros, para ayudar en cada barrio y en cada olla”, dice emocionada.
Y en su mensaje final, Milagros resume lo que vive cada día:
“En estos tiempos difíciles es donde más nos vemos reflejados nosotros”.
Porque la solidaridad no es una palabra: es una acción, una presencia y un compromiso. Y en Monte Grande, gracias a la juventud camionera, esa presencia se siente
