En tiempos donde el país parece caminar sobre un hilo, Octavio Argüello, dirigente camionero y recientemente ratificado como cosecretario general de la CGT, puso en palabras una sensación que recorre cada fábrica, cada depósito y cada taller del país: la preocupación por un Gobierno que avanza sobre los derechos laborales conquistados durante décadas de lucha.
Con tono sereno pero firme, Argüello advirtió que el movimiento obrero enfrenta “un momento decisivo”. No se trata solo de una coyuntura económica, sino de un intento profundo de reconfigurar las reglas del trabajo, debilitando la organización sindical y reduciendo la protección de quienes sostienen el país con su esfuerzo diario.
“Tenemos que comprender que ante este gobierno cipayo debemos unirnos, porque si no estamos todos juntos, nos llevan puestos”, expresó el dirigente en declaraciones radiales. Calificó al gobierno de Javier Milei como “un desastre” por “atacar la salud, a los discapacitados y a los jubilados”, y alertó que la reforma laboral en marcha “es una flexibilización impulsada por la embajada de Estados Unidos y el Fondo Monetario”, destinada a producir “trabajadores sin derechos, totalmente indefensos”.
Argüello también desmintió uno de los grandes mitos económicos que se repiten desde los despachos oficiales: que los derechos laborales quiebran a las pymes. “Lo que mata a las pequeñas y medianas empresas son los impuestos, no las indemnizaciones. Un trabajador con diez años de antigüedad no quiebra a nadie; lo que quiebra son las políticas económicas”, sostuvo.
El dirigente aprovechó además para reflexionar sobre el recambio generacional dentro del sindicalismo, destacando que “no es solo una cuestión de edad, sino de ideas y de capacidad para enfrentar los momentos difíciles”. Celebró la participación de jóvenes en el movimiento obrero, pero fue claro: “La defensa de los derechos de los trabajadores no se negocia”.
Aunque reconoció que la CGT mantiene una vocación de diálogo, fue contundente al describir la sordera del poder político actual: “El Gobierno no escucha. Por eso vamos a dar la pelea en todos los frentes: el judicial, el legislativo y, si hace falta, también en la calle”.
Con la convicción que lo caracteriza, Argüello cerró con una definición que trasciende a la política partidaria: “Soy peronista y lo reivindico porque fue quien más derechos le dio a los trabajadores. Pero el sindicalismo representa a todos, piensen como piensen. Lo que defendemos son los derechos, no un partido político”.
